lunes, 27 de febrero de 2012

Despropósito

Vivimos días convulsos. Xornadas de protesta, de movilizacións, de enfrontamentos. De despropósitos, en definitiva.

Non me malinterpreten. Nin por un intre poño en dúbida o lexítimo dereito a discernir, a manifestarse, a (para entendernos) exteriorizar o cabreo que calquer medida ou circunstancia nos provoque, e facelo ademais en compañía. É un dereito constitucional que, como tal, require o máis escrupuloso respeto. E a ese respeto magno apelo.

Puntualizo igualmente que a manifestación desas opinións, sexa cal sexa a súa índole, deben seguir uns canons igualmente preestablecidos. Unhas regras de xogo (para entendernos) de obrigado cumprimento, debidamente delimitadas tamén por lei, e que consecuentemente nos incumben a todos e que todos (enfatizo no de todos) debemos cumprir.

Ante ambos preceptos, o dereito e o deber, non caben as excepcións; non considero sequera que deba establecerse, considerarse sequera, unha ínfima marxe para a excepcionalidade.

Protestas, si; debidamete regulamentadas, tamén.

As movilizacións das que estes últimos días fomos testigos nalgunhas cidades do noso país, coma orixe ou contaxio dunha protesta cuxa motivación, segundo vai pasando o tempo, está a resultar cada vez máis confusa, provocáronnos perplexidade a moitos. A instrumentalización política que fixeron delas algúns partidos políticos, esperpento.

Alentar comportamentos tipificados como delito no Código Penal e empregar os enfrontamentos no que derivaron algunhas manifestacións, interesadamente magnificadas ademais, como argumento de crítica política é irresponsable.

Denota tamén unha absoluta falla de argumentos de peso por parte dun sector político que na súa deriva ideolóxica semella botar man da primeira pedra que atopa ó seu paso. Pobre crítica resulta requerir a este tipo de excusas para cimentar un discurso político, para comportarse e exercer de opositor.

Descubrir parapetados tras as pancartas críticas coa reforma laboral, por exemplo, a insignes socialistas resulta igualmente chocante. Protestar contra a adopción dunhas medidas que tentan solucionar problemas dos que eles son directamente responsables é sinxelamente hipócrita.


Despropósito

Vivimos días convulsos. Jornadas de protesta, de movilizaciones, de enfrentamientos. De despropósitos, en definitiva.

No me malinterpreten. Ni por un momento pongo en cuestión el legítimo derecho a discernir, a manifestarse, a (para entendernos) exteriorizar el cabreo que cualquier medida o circunstancia nos provoque, y hacerlo además en compañía. Es un derecho constitucional que, como tal, requiere el más escrupuloso respeto. Y a ese respeto magno apelo.

Puntualizo igualmente que la manifestación de esas opiniones, sea cual sea su índole, deben seguir unos cánones igualmente preestablecidos. Unas reglas de juego (para entendernos) de obligado cumplimiento, debidamente delimitadas también por ley, y que consecuentemente nos incumben a todos y que todos (enfatizo en lo de todos) debemos cumplir.

Ante ambos preceptos, el derecho y el deber, no caben las excepciones; no considero siquiera que deba establecerse, considerarse siquiera, una ínfima margen para la excepcionalidad.

Protestas, sí; debidamente reglamentadas, también.

Las movilizaciones de las que estos últimos días fuimos testigos en algunas ciudades de nuestro país, como origen o contagio de una protesta cuya motivación, según va pasando el tiempo, está resultando cada vez más confusa, nos provocaron perplejidad a muchos. La instrumentalización política que hicieron de ellas algunos partidos políticos, esperpento.

Denota también una absoluta falta de argumentos de peso por parte de un sector político que en su deriva ideológica parece echar mano de la primera piedra que encuentra a su paso. Pobre crítica resulta requerir a este tipo de excusas para cimentar un discurso político, para comportarse y ejercer de oposición.

Descubrir parapetados tras las pancartas críticas con la reforma laboral, por ejemplo, a insignes socialistas resulta igualmente chocante. Protestar contra la adopción de unas medidas que tratan de solucionar problemas de los que ello son directamente responsables es sencillamente hipócrita.

5 comentarios:

Manuel dijo...

totalmente de acuerdo Xosé Manuel, lo que es más preocupante, es la deriva que el psoe está tomando, sacando y movilizando a los ciudadanos a la calle, y alentando estos ataques.

esto pinta mal, la verdad es que si el psoe sigue por esa senda..... veremos cosas peores

en las redes sociales, los muchachos del psoe ya auguran una primavera como la de los griegos, así que......... preparémonos, que parece que vienen duras ( ojalá me equivoque)

Anónimo dijo...

De acuerdo con lo que dices aunque debemos hacer autocrítica. Todo esto y lo que queda por venir se debe, en mi opinión, a dos motivos diferentes. Uno es la absoluta irresponsabilidad de la izquierda y el nacionalismo que, como en cualquier otro momento de la historia de España desde Sagasta hasta hoy ,pretende incendiar la calle cuando no gobierna. El otro motivo es culpa estrictamente nuestra, de la derecha. Nuestros líderes políticos, con honrosas aunque muy escasas excepciones , gobiernan y dirigen el partido instalados en el eufemismo, el oportunismo, la falta de convicciones , de franqueza y , a menudo, la cobardía más absoluta. También tendéis a ser débiles con los adversarios y a machacar a los propios. Un ejemplo muy claro de esta forma de gobernar y liderar es, precisamente, la Xunta de Galicia.
Tenemos lo que tenemos en la calle porque nos lo hemos buscado al no saber hacer frente con la ley y la palabra a quienes juegan a reventar el sistema. A esos, les ponéis alfombra roja, no vaya a ser que se molesten u os llamen algo que nos os guste oír. Es más rentable ser un enérgumeno antisistema que una persona de comportamiento y convicciones moderadas aunque firmes porque vosotros premiáis a los primeros en detrimento de los segundos.

Anónimo dijo...

¿Cómo se llama el pavo que firma el blog?¿José o Xosé?

Mateo dijo...

Que cara teñen estes sindicalistas que meses atras baixaban as orellas ante as pésimas decisións do desgobernos socialista.

E os socialistas agora teñen a desvergoña de alentar a estos manifestantes, moit@s deles simpatizantes e militantes, nas súas críticas ao goberno.

Paréceme noxentos os derroteiros que está a tomar esta política de esquerdas que temos neste país.

Moito ánimo, é a seguir traballando polo futuro de tod@s nós.

José dijo...

Por lo visto, los cabecillas de esas algaradas tienen muy poco de estudiantes. Y con carta blanca del PSOE cuando éste está en la oposición. Como siempre.