lunes 23 de enero de 2012

Unha gran perda

Cando a alguén lle chega a morte a todos nos sae a vena xenerosa á hora de referenciar a súa experiencia vital. Parece que únicamente somos capaces de salientar as virtudes do finado. Ante un trance difícil coma ese, sabedores todos de que ninguén seremos quen de evitalo, é lóxico que flúa a empatía.

Pero, pese a esa solidariedade inicial e comprensible, hai casos de casos. E se a conmoción que xenera o recibimento de noticias desta índole pode empregarse como baremo da admiración, respeto ou afecto que calquer persoa xerou durante a súa vida, non cabe dúbida de que Isaac Díaz Pardo é unha desas (non sei se exemplo de excepcional excepción) que maior unanimidade provocou.

A súa perda conmocionou a Galicia enteira, ó mundo da política, da cultura, da empresa, a todos e cada un dos cidadáns, anónimos ou non tanto, do noso país e incluso máis aló das nosas fronteiras, porque moito máis aló chegou Isaac.

Esa turbación xeral dá idea da grandeza de Díaz Pardo, da súa dimensión polifacética, intelectualidade, esprito emprendedor, da súa bonhomía, da súa gran humildade. E, non hai que esquecer senón máis ben salientar, o seu ideario galeguista, o seu compromiso cultural, político e empresarial con esta terra. Sempre presente, sempre activo; na xuventude e na vellez; no exilio e no retorno.

Entre o seu amplo legado, gustaríame salientar, precisamente polo contexto de crise económica no que nos atopamos, a súa faceta emprendedora, un dos aspectos que mellor caracterizan ós galegos que, obrigada ou voluntariamente, percorreron o mundo. En tempos nos que é preciso incentivar a cultura emprendedora, Isaac Díaz Pardo é un dos mellores exemplos ós que se pode recurrir, e permítanme por elo que aluda a ela.

Que saliente a súa actividade empresarial, moi diversa, cargada ademais de matices, igual de relevantes, igual de significativos, e perfectamente ensamblados coa defensa e a divulgación da nosa identidade cultural como pobo diferenciado. Sargadelos é (ademais dun proxecto xerador de riqueza, confluente coa reafirmación cultural) unha seña de identidade artística, rica e única que todos os galegos interiorizamos como propia.

Isaac Díaz Pardo é un galego universal, comprometido coa súa terra e, por riba de todo, tremendamente querido. É unha gran perda e por eso Galicia enteira garda luto por el.


Una gran pérdida

Cuando a alguien le llega la muerte a todos nos sale la vena generosa a la hora de referenciar su experiencia vital. Parece que únicamente somos capaces de destacar las virtudes del finado. Ante un trance tan difícil como ese, sabedores todos de que nadie será capaz de evitarlo, es lógico que fluya la empatía.

Pero, pese a esa solidaridad inicial y comprensible, hay casos de casos. Y si la conmoción que genera el recibimiento de noticias de esta índole puede utilizarse como baremo de la admiración, respeto o afecto que cualquier persona generó durante su vida, no cabe duda de que Isaac Díaz Pardo es una de esas (no sé si ejemplo de excepcional excepción) que mayor unanimidad provocó.

Su pérdida conmocionó a toda Galicia, al mundo de la política, de la cultura, de la empresa, a todos y cada uno de los ciudadanos, anónimos o no, de nuestro país e incluso más allá de nuestras fronteras, porque mucho más allá llegó Isaac.

Esa turbación general da idea de la grandeza de Díaz Pardo, de su dimensión polifacética, intelectualidad, espíritu emprendedor, de su bonhomía, de su gran humildad. Y, no hay que olvidar, más bien destacar, su ideario galleguista, su compromiso cultural, político y empresarial con esta tierra. Siempre presente, siempre activo; en la juventud y en la vejez; en el exilio y en el retorno.

Entre su gran legado, me gustaría destacar, precisamente por el contexto de crisis económica en el que nos encontramos, su faceta emprendedora, uno de los aspectos que mejor caracterizan a los gallegos que, obligada o voluntariamente, recorrieron el mundo. En tiempos en los que es preciso incentivar la cultura emprendedora, Isaac Díaz Pardo es uno de los mejores ejemplos a los que se puede recurrir, y permítanme por ello que aluda a ella.

Que destaque su actividad empresarial, muy diversa, cargada además de matices, igual de relevantes, igual de significativos, y perfectamente ensamblados con la defensa y la divulgación de nuestra identidad cultural como pueblo diferenciado. Sargadelos es (además de un proyecto generador de riqueza, confluente con la reafirmación cultural) una seña de identidad artística, rica y única que todos los gallegos interiorizamos como propia.

Isaac Díaz Pardo es un gallego universal, comprometido con su tierra y, por encima de todo, tremendamente querido. Es una gran pérdida y por eso Galicia entera guarda luto por él.

miércoles 18 de enero de 2012

Hombre de Estado, con mayúsculas

Ni a sus defensores ni a sus detractores. A nadie ha dejado indiferente el fallecimiento de Manuel Fraga Iribarne.

No es para menos, porque no es halago sino justicia reconocer sus muchos méritos, empezando por su profundo sentido del deber, acorde con su recta e inquebrantable concepción de lo que implica y requiere ser un servidor público.

Una concepción que lo convirtió en el irrepetible hombre de Estado que fue y cuyo legado pervivirá siempre. Nos encargaremos de ello.
Motivos no nos han de faltar.

Don Manuel fue, además de una de las cabezas mejor amuebladas que dio España en el último siglo, un político decisivo en la historia de este país. Y, sin duda, uno de los sólidos pilares sobre los que se fundamentó la restauración y consolidación de nuestra democracia, empezando por su participación en la redacción de la Constitución y continuando, por poner solo dos ejemplos, con uno de sus grandes proyectos: convertirse en el aglutinador del centro-derecha español.

Se marcó ese objetivo y, con su tesón y vitalidad inagotable, donde otros fracasaron, él triunfó. Este es su gran legado, aunque, claro está, no es el único.

Porque Don Manuel fue, además, un gallego orgulloso de su origen; que vivió y trabajó con, por y para Galicia. Y no sería justo dejar de mencionar aquí que su personal visión del galleguismo permitió actualizar y modernizar este concepto.

Entendía, con muy buen criterio, que la defensa de lo propio no implica el ataque de lo ajeno. Más bien todo lo contrario, abogó por la suma como fuente de riqueza y evitó las estridencias y las exclusiones que no llevan a ninguna parte. Su etapa como presidente de la Xunta supuso, sin duda, un antes y un después en el desarrollo económico y social de la comunidad.

Su abultado y brillante curriculum no se restringe únicamente a su faceta pública, a sus seis décadas dedicadas en cuerpo y alma a la política, en las que el trabajo y la honradez fueron su marca diferencial. Y enfatizo en su capacidad inagotable de trabajo y en su arraigada e inquebrantable honradez porque su ejemplo debe servirnos de estimulo, precisamente en este tiempo en el que parece que hemos caído en una cierta crisis de valores y las virtudes de algunos políticos están en entredicho.

No menos prolífica y rica, digo, resulta su labor académica, su extensa bibliografía… Don Manuel era un maestro, en las aulas y fuera de ellas.

Somos muchos los que le debemos a él nuestro apego a la vocación política. Somos muchos los que aprendimos de él gran parte de lo que sabemos. Somos muchos los que le debemos mil agradecimientos por haber confiado en nosotros.

Ante la grandeza de don Manuel, un hombre de carácter, arraigados y claros principios, energía ilimitada y una capacidad intelectual envidiable, somos muchos los que hoy nos sentimos tristes.
Su experiencia vital, su legado, serán siempre nuestra principal fuente de inspiración.

Descanse en paz.

lunes 16 de enero de 2012

Grazas, don Manuel

Hai pouco máis de tres meses, tras o anuncio de don Manuel de que abandoaba a primeira liña política, facía, dende esta mesma atalaia, unha somera semblanza da súa figura.

Hoxe, por motivos ben distintos, extremadamente máis tristes, principio esta reflexión como remataba aquela. Vaia por diante entón a miña admiración, respeto e agradecemento infinito a don Manuel Fraga. No político, pero sobre todo no persoal.

Non é esaxerado, senón xusto, dicir que foi un dos políticos máis importantes que deu este país no último século e un dos sólidos piares sobre os que se articulou a restauración e consolidación da nosa democracia.

Foi testigo de excepción, e tamén participante activo, dos acontecementos máis transcendentes da nosa historia recente. E creo innecesario relatar eiquí os seus abultados méritos curriculares e mesmo enumerar as diferentes responsabilidades que asumiu durante a súa dilatada actividade pública para avalalo.

Foi quen de concebir un proxecto político de centro dereita que se consolidou sobre a adición de sensibilidades distintas. Pretensión que non poucos anhelaron e mesmo intentaron pero que só el conqueriu. Ese é o seu gran legado, aínda que non o único.

Sumar foi sempre a súa premisa de partida, tan principal que non dubidou incluso en facerse a un lado para que o fin común prevalecera.

Un exemplo significativo da súa impronta, da súa aposta pola suma, quedou patente durante a súa etapa como presidente da Xunta (etapa, por certo, esencial para o desenvolvemento económico e social do noso país). Nunca durante os seus anos de mandato se atisbou sequera unha ráfaga de conflicto lingüístico, imperou dentro do seu arraigado amor pola terra, de profundo respeto e fomento da diversidade dentro da unidade, o que el denominaba bilingüismo armónico. Todo ten cabida, segundo demostrou, se se fuxe de extremismos e exclusións.

Coa súa concepción da nosa identidade como pobo, alonxado de aillamentos e consciente do papel que debe xogar Galicia non só no proxecto común que representa España senón tamén en Europa e mesmo no mundo, actualizou o pensamento galeguista, converteuse no precursor do galleguismo moderno.

Aínda que eclipsada pola súa proxección política, non foi menos prolífica a súa faceta de profesor universitario e de escritor. Tamén neste eido a súa traxectoria foi brilante, tanto pola súa precocidade como pola valía das reflexións que deixa na súa extensa bibliografía. A bo seguro que os seus alumnos séntense privilexiados por ter asistido as súa clases maxistrais.

Don Manuel, coa súa inagotable capacidade de traballo, coa súa valía intelectual, co seu elevado sentido do deber, coa súa intachable honestidade, é un home irrepetible.

E fago especial énfase na súa honestidade (un rasgo tan arraigado no seu carácter como a tenacidade) porque nun momento no que a percepción que a sociedade ten dos políticos non é precisamente para vanagloriarse, Fraga Iribarne é irreprochable. Foi, é e será o exemplo a seguir, a personificación do bo e do ben facer.

A súa perda non só enche de dor á familia popular (con maior agudeza se cabe e por motivos obvios ó Partido Popular de Lugo), tamén a todos aqueles que, superando as ideoloxías, aprecian a súa valía como o home de Estado que foi.

Non podo, no ámbito estrictamente persoal, deixar de facer constar eiqui o meu agradecemento, profundo e sentido, pola confianza que don Manuel depositou en min ó nomearme conselleiro e despois vicepresidente do seu goberno.

Tentei sempre estar á altura dos cometidos que me encomendou, e sempre, fose como integrante do seu gabinete e nas miñas posteriores responsabilidades políticas, sentín preto o seu xeneroso apoio, e confeso que resultou tremendamente enriquecedor poder traballar o seu carón.

Foi, en todos os sentidos, un excelente mestre. É irrefutable que de el había moito que aprender. As súas ensinanzas, o seu legado, pervivirán no tempo, terán continuidade. A súa experiencia vital, o seu traballo, as súas obras serán sempre fonte de inspiración.

Grazas, don Manuel.


Gracias, don Manuel

Hace poco más de tres meses, tras el anuncio de don Manuel de que abandonaba la primera línea política, hacía, desde esta misma atalaya, una somera semblanza de su figura.

Hoy, por motivos bien distintos, extremadamente más tristes, inicio esta reflexión como acababa aquella. Vaya por delante entonces mi admiración, respeto y agradecimiento infinito a don Manuel Fraga. En lo político, pero sobre todo en lo personal.

No es exagerado, sino justo, decir que fue uno de los políticos más importantes que dio este país en el último siglo y uno de los sólidos pilares sobre los que se articuló la restauración y consolidación de nuestra democracia.

Fue testigo de excepción, y también participante activo, de los acontecimientos más transcendentes de nuestra historia reciente. Y creo innecesario relatar aquí sus abultados méritos curriculares e incluso enumerar las diferentes responsabilidades que asumió durante su dilatada actividad pública para avalarlo.

Fue capaz de concebir un proyecto político de centro derecha que se consolidó sobre la adición de sensibilidades distintas. Pretensión que no pocos anhelaron e incluso intentaron pero que únicamente él consiguió. Ese es su gran legado, aunque no el único.

Sumar fue siempre su premisa de partida, tan principal que no dudó incluso en hacerse a un lado para que el fin común prevaleciera.

Un ejemplo significativo de su impronta, de su apuesta por la suma, quedó patente durante su etapa como presidente de la Xunta (etapa, por cierto, esencial para el desarrollo económico y social de nuestro país). Nunca durante sus años de mandato se atisbó siquiera una ráfaga de conflicto lingüístico, imperó dentro de su arraigado amor por la tierra, de profundo respeto y fomento de la diversidad dentro de la unidad, lo que él denominaba bilingüismo armónico. Todo tiene cabida, según demostró, si se huye de extremismos y exclusiones.

Con su concepción de nuestra identidad como pueblo, alejado de aislamientos y consciente del papel que debe jugar Galicia, no únicamente en el seno del proyecto común que representa España sino también en Europa y en el mundo, actualizó el pensamiento galleguista, se convirtió en el precursor del galleguismo moderno.

Aunque eclipsada por su proyección política, no fue menos prolífica su faceta de profesor universitario y de escritor. También en este ámbito su trayectoria fue brillante, tanto por su precocidad como por la valía de las reflexiones que deja en su extensa bibliografía. A buen seguro que sus alumnos se sienten privilegiados por haber asistido a sus clases magistrales.

Don Manuel, con su inagotable capacidad de trabajo, con su valía intelectual, con su elevado sentido del deber, con su intachable honestidad, es un hombre irrepetible.

Y hago especial énfasis en su honestidad (un rasgo tan arraigado en su carácter como la tenacidad) porque en un momento en el que la percepción que la sociedad tiene de los políticos no es precisamente para vanagloriarse, Fraga Iribarne es irreprochable. Fue, es y será el ejemplo a seguir, la personificación de lo bien y buen hacer.

Su pérdida no llena únicamente de dolor a la familia popular (con mayor agudeza si cabe y por motivos obvios al Partido Popular de Lugo), también a todos aquellos que, superando las ideologías, aprecian su valía como el hombre de Estado que fue.

No puedo, en el ámbito estrictamente personal, dejar de hacer constar aquí mi agradecimiento, profundo y sentido, por la confianza que don Manuel depositó en mí al nombrarme consejero y después vicepresidente de su Gobierno.

Intenté siempre estar a la altura de los cometidos que me encomendó, y siempre, tanto como integrante de su gabinete como en mis posteriores responsabilidades políticas, sentí cerca su generoso apoyo, y confieso que resultó tremendamente enriquecedor trabajar a su lado.

Fue, en todos los sentidos, un excelente maestro. Es irrefutable que de él había mucho que aprender. Sus enseñanzas, su legado, pervivirán en el tiempo, tendrán continuidad. Su experiencia vital, su trabajo, sus obras serán siempre fuente de inspiración.

Gracias, don Manuel.

viernes 6 de enero de 2012

Novo ano

Mariano Rajoy debuxou no seu discurso de investidura as liñas maestras da súa acción de goberno sustentadas sobre catro grandes piares: a estabilidade orzamentaria, a reestructuración bancaria, o crecemento económico e as reformas estructurais. Todo encamiñado a acadar un obxectivo claro que non é outro que solventar o problema do desemprego.

E ó tempo que establecía as grandes liñas de actuación do novo goberno, sempre sustentadas sobre o sentido común, a eficiencia e a verdade, da que por cento tan escasos estivemos nos últimos anos, ofrecía diálogo.

O consenso, pese a ampla maioría que respalda ó executivo do Partido Popular, é imprescindible (ademais do máis axeitado) para levar a bo termino as profundas reformas que debemos acometer dentro deste proxecto global para a recuperación da nosa competitividade, do noso crecemento económico. O fin último, común en definitiva, que todos anhelamos.

Non negou Rajoy (non o fixo en campaña e menos aínda agora dende a súa responsabilidade coma presidente) que a senda que nos agarda será dura. Corroborouno recentemente o ministro de Economía e Competitividade Luis de Guindos que, coa verdade por diante e aínda sen coñecer en profundidade a realidade das contas deste país, augurou para a nosa economía neste ano que acabamos de encetar un novo período de desacelaración. No consello de ministros do pasado venres tamén se deron os primeiros pasos do paquete de medidas que terán que encamiñarnos hacia a senda da recuperación.

Os sacrificios son sempre ingratos pero, dadas as circunstancias, non hai alternativa se queremos remontar a penosa situación na que nos atopamos.

En definitiva, o goberno de Rajoy (exento por certo de todo tipo de cotas en aras de enfocar a súa acción única e directamente a solventar os problemas deste país, principiando polo paro), quédalle un amplo cometido que, sen demora, como así anunciara, empezou a aplicar.

Dende logo, dado que estamos estreando ano, non pretendo asustar a niguén, pero todos (creo que xa dende hai tempo) temos claro que veñen tempos que requiren apretar o cinto.

Algunhas das medidas adoptadas no consello de ministros do venres incididon na austeridade, unha austeridade que, para ser eficaz, non nos enganemos, debe aplicarse a todos os niveis. Tamén en eso o novo goberno deu exemplo, xa sabemos que medidas ailladas non contribúen, en si mesmas, a solucionar nada, incluso acaban por ser contraproducentes.

Retomo a idea, non estamos no contexto económico máis desexable pero estou convencido de que é posible cambiar a tendencia; e para asegurarnos o éxito é imprescindible que todos rememos na mesma dirección.

O 2012 é, en denitiva, un ano para recuperar a confianza, a ilusión e sobre todo para manter a esperanza. E creo que un bo punto de partida para deixarse levar polo optimismo e ter confiado en Mariano Rajoy.

Feliz ano a todos.

martes 20 de diciembre de 2011

Nova andaina

A maioritaria confianza que os lucenses, e o resto dos cidadáns do país, depositaron o pasado 20-N no Partido Popular obríganos, tras agradecer o seu apoio, a facernos merecedores dese respaldo. E no contexto actual, máis que nunca.

Temos, por tanto, dende o rigor e a responsabilidade, que devolver, multiplicadas, as expectativas que puxeron en nós para liderar a urxente recuperación económica que precisa España, para reactivar a creación de emprego, o principal problema que oprime ós españois e que, por conseguinte, centralizará as accións do futuro goberno que capitaneará Mariano Rajoy.

Sabiamos, antes incluso de que nos encomendaran a tarefa, das dificultades que entrañaba este cometido. Pero o Partido Popular, tanto dende os grupos parlamentarios nas Cortes como dende o propio Goberno, asume ese reto. E estará, estou convencido, á altura das circunstancias. Foi un compromiso asumido en campaña que, como non podería ser doutro xeito, cumpriremos, aínda que para acadalo, como xa adiantou o propio Rajoy, haxa que tomar medidas drásticas. A situación, creo que todos somos conscientes delo, así o requiren.

Nesta nova lexislatura tamén eu particularmente inicio unha nova etapa na miña traxectoria política. Supón unha gran honra para min asumir a dirección do noso grupo parlamentario no Senado, o máis numeroso de toda a nosa etapa democrática, e reitero o meu agradecemento ó presidente Rajoy pola confianza depositada en min para desenvolver esa tarefa.

Unha tarefa á que me adicarei a fondo porque a responsabilidade e os problemas ós que se enfronta o país así o demandan. Dende esa posición, recuperar a confianza e devolver o prestixio ós políticos, que creo que en xeral nos merecemos, será un dos obxectivos a conquerir. Os representantes directos dos cidadáns, díxeno xa en moitas ocasións, temos que ser parte determinante na aportación de solucións ás dificultades que xurden na nosa sociedade e non en fonte xeneradora deses problemas.

Darlle utilidade real ó Senado como cámara de representación territorial, desenvolvendo a reforma necesaria para elo, sempre aludida pero nunca acometida, é outro obxectivo ó que espero contribuir nesta nova andaina.

Non por elo, deixará de ser prioritario para min o compromiso asumido con esta provincia e cos seus habitantes como representante seu na Cámara Alta e mesmo cos meus compañeiros de partido. A defensa dos intereses de Lugo, por tanto, estará sempre presente no meu facer diario. Coa máxima que sempre aplico e requiro de traballo, traballo e traballo espero conseguilo.



Nueva andadura


La mayoritaria confianza que los lucenses, y el resto de los ciudadanos de este país, depositaron el pasado 20-N en el Partido Popular nos obliga, tras agradecer su apoyo, a hacernos merecedores de ese respaldo. Y en el contexto actual, más que nunca.

Tenemos, por tanto, desde el rigor y la responsabilidad, que devolver, multiplicadas, las expectativas que pusieron en nosotros para liderar la urgente recuperación económica que necesita España, para reactivar la creación de empleo, el principal problema que oprime a los españoles y que, por consiguiente, centralizará las acciones del futuro gobierno que capitaneará Mariano Rajoy.

Sabíamos, antes incluso de que nos encomendaran esta tarea, de las dificultades que entrañaba este cometido. Pero el Partido Popular, tanto desde los grupos parlamentarios en las Cortes como desde el propio Gobierno, asume este reto. Y estará, estou convencido, a la altura de las circunstancias. Fue un compromiso asumido en campaña que, como no podría ser de otro modo, cumpliremos, aunque para lograrlo, como ya adelantó el propio Mariano Rajoy, haya que tomar medidas drásticas. La situación, creo que todos somos conscientes de ello, así lo requieren.

En esta nuevo legislatura también yo particularmente inicio una nueva etapa en mi trayectoria política. Supone un gran honor para mi asumir la dirección de nuestro grupo parlamentario en el Senado, el más numeroso de toda nuestra etapa democrática, y reitero mi agradecimiento al presidente Rajoy por la confianza que depositó en mi para desarrollar esa labor.

Una labor a la que me dedicaré a fondo porque la responsabilidad y los problemas a los que se enfrenta el país así lo demandan. Desde esa posición, recuperar la confianza y devolver el prestigio a los políticos, que creo que en general nos merecemos, será uno de los objetivos a conseguir. Los representantes directos de los ciudadanos, lo dije ya en muchas ocasiones, tenemos que ser parte determinante en la aportación de soluciones a las dificultades que surgen en nuestra sociedad y no en fuente generadora de esos problemas.

Darle utilidad real al Senado como cámara de representación territorial, desarrollando la reforma necesaria para ello, siempre aludida pero nunca acometida, es otro objetivo al que espero contribuir en esta nueva etapa.

Non por ello dejará de ser prioritario para mi el compromiso asumido con esta provincia y con sus habitantes como su representante en la Cámara Alta e incluso con mis compañeros de partido. La defensa de los intereses de Lugo, por tanto, estará siempre presente en mi quehacer diario. Con la máxima que siempre aplico y requiero de trabajo, trabajo, trabajo espero conseguirlo.

miércoles 9 de noviembre de 2011

Comparar e decidir

Estamos xa inmersos nunha nova campaña electoral. E é entendible que, tendo presente o contexto económico no que nos atopamos, os cidadáns estén fartos de escoitar ós políticos.

Poden pensar, e non sin razón, que teñen problemas máis importantes nos que concentrase que o de decidir a opción política pola que decantarse. Permítanme que faga neste punto unha referencia directa ó feito de que case un millón e medio de fogares deste país teñan a todos os seus membros en paro.

Ese é, todos coincidimos nelo, o gran problema que temos neste intre en España. Pero ninguén de nós, como cidadáns, podemos obviar que, aínda que a capacidade última de xerar emprego corresponde básicamente ó sector empresarial, as administracións públicas, a través da súa xestión, poden poñer en marcha medidas encamiñandas a favorecer a súa dinamización.

Este é un feito contrastable con só facer un análise somero do comportamento do mercado laboral nestes últimos anos e buscar os factores que condicionaron esa evolución. E se o facemos, sacaremos a conclusión de que as políticas desenvolvidas polos gobernos, xunto coa propia conxuntura económica dese momento concreto, tiveron moito que ver coas fluctuacións rexistradas nas gráficas do paro.

O mercado laboral é só un exemplo do que botei man para argumentar que, pese a desidia compresible que pode provocar unha nova cita electoral, porque os grandes problemas do día a día xa somos concientes de que son outros, é necesario un esforzo engadido para analizar as diferentes opcións políticas que concurren as eleccións e, despois, decidir. Porque votar é un dereito, pero, neste intre, creo que tamén é un deber.

No momento no que estamos, un dos máis críticos da nosa historia recente, é perentorio que os políticos, ou as opcións políticas ás que representan, sexan capaces de ofrecer solucións ós problemas. E matizo: solucións tanxibles e realistas. Non estamos en condicións de perder o tempo en vaguedades ou futuribles máis ou menos utópicos, mais ou menos desexables. A realidade é a que é.

A principal preocupación do Partido Popular, ó igual que para o resto da población española, é o emprego, e o seu programa electoral recolle actuacións concretas encamiñadas a acadar ese obxectivo: simplificar a tipoloxía dos contratos laborais para reducir a temporalidade e dar expectativas de estabilidade ós traballadores, reformar a estructura e contidos da negociación colectiva; establecer bonificacións fiscais para incentivar as contratacións…

Ós cidadáns tócalles decidir se esta é ou non a mellor opción.

martes 25 de octubre de 2011

Reflexión

Dúas lexislaturas, oito anos, e pouco ou nada a ensalzar do paso de Rodríguez Zapatero e o seu goberno pola Moncloa. E recalco a mención o seu equipo gubernamental porque compartindo mesa e decisións estaba o ministro José Blanco e aí estaba tamén Pérez Rubalca, disposto agora a tomar o relevo.

En Lugo, dende logo, non lembraremos como decisiva para o interese xeral da provincia esta etapa socialista. Nin sequera por moito que o titular de Fomento insista nelo, repetindo a retahíla de obras e investimentos que ía facer, un saco que parecía sen fondo pero que foi achicándose ó son de paralizacións ou aprazamentos.

Do que non teño dúbida é que os ó redor de 120.000 xubilados lucenses vanse acordar moito de Zapatero, eles e os do resto do país. Coma outras moitas cousas, a conxelación das pensións non ten precedentes na nosa historia, como tampouco a reducción salarial aplicada ós funcionarios.

Este goberno socialista, con oito anos plagados de erros e despilfarros (como doen agora os 13.500 millóns de euros sepultados no Plan E), de medidas insólitas, por non decir increíbles, contraproducentes ou directamente inútiles, palmeadas (non hai que esquecelo) por Alfredo Rubalcaba, provocou non xa un violento freazo no noso desenvolvemento económico senón un retroceso de consecuencias difíciles de cuantificar e, o máis preocupante, de remontar.

A constante perda do poder adquisitivo; o igualmente constante incremento da presión fiscal; a terrorífica destrucción de emprego por non falar xa doutros índices económicos dos que xa todos nos convertemos en expertos ou o desprestixio internacional no que irremediablemente caeu o noso país está aí, presente e innegable.

Estamos ás portas dunha nova campaña electoral e sei que os lucenses están fartos de escoitar promesas, pero convidoos a facer unha reflexión: estariamos agora a vivir unha situación diferente se quen tiña as rendas do país nos dixera a verdade?


Reflexión

Dos legislaturas, ocho años, y poco o nada a destacar del paso de Rodríguez Zapatero y su gobierno por Moncloa. Y recalco la mención a su equipo gubernamental porque compartiendo mesa y decisiones estaba el ministro José Blanco y ahí estaba también Pérez Rubalcaba, dispuesto ahora a tomar el relevo.

En Lugo, claramente, no recordaremos como decisiva para el interés general de la provincia esta etapa socialista. Ni siquiera por mucho que el titular de Fomento insista en ello, repitiendo la retahíla de obras e inversiones que pretendía hacer, un saco que parecía sin fondo pero que fue empequeñeciéndose al son de paralizaciones o aplazamientos.

De lo que no tengo duda es que los alrededor de 120.000 jubilados lucenses se van a acordar mucho de Zapatero, ellos y los del resto del país. Como otras muchas cosas, la congelación de las pensiones no tiene precedentes en nuestra historia, como tampoco la reducción salarial aplicada a los funcionarios.

Este gobierno socialista, con ocho años plagados de errores y despilfarros (cómo duelen ahora los 13.500 millones de euros sepultados en el Plan E), de medidas insólitas, por no decir increíbles, contraproducentes o directamente inútiles, palmeadas (no hay que olvidarlo) por Alfredo Rubalcaba, provocó no ya un violento frenazo en nuestro desarrollo económico sino un retroceso de consecuencias difíciles de cuantificar y, lo más preocupante, de remontar.

La constante pérdida de poder adquisitivo; el igualmente constante incremento de la presión fiscal; la terrorífica destrucción de empleo por no hablar ya de otros índices económicos de los que ya todos nos convertimos en expertos o el desprestigio internacional en el que irremediablemente cayó nuestro país está ahí, presente e innegable.

Estamos a las puertas de una campaña electoral y sé que los lucenses están hartos de escuchar promesas, pero los invito a hacer una reflexión: ¿estaríamos viviendo ahora una situación diferente si quien tenía las riendas del país nos hubiera dicho la verdad?